¿Quién le pone el cascabel al porcino?
En defensa de la alegría campesina
A menudo se invoca el derecho consuetudinario como fuente del derecho y, en ocasiones, se apela a éste para resolver algún asunto contemporáneo, pero, a veces, el desconocimiento de la realidades en la periferia de las normativas sociales, como ocurre a veces en convivencia campesina e indígena, dejan en la nebulosa conflictos que se arrastran por generaciones, quizás porque no se ven o simplemente porque a la sociedad global no les importan. Veamos uno:
La crianza de chanchos en pequeños predios campesinos es una tradición que afirma bastante las economías familiares, no solo en sentido pecuniario, sino también en la calidad de la alimentación que se pone sobre la mesa y en el ánimo de fiestas colectivas donde el compartir en torno a la parrilla o el asadero es importante, pero esto genera otros inconvenientes:
1. Los límites entre los terrenos campesinos para los chanchos no tienen implicancia alguna, y no solo en el imaginarios de estos animales, sino además en el plano físico concreto: es muy difícil que respeten un cerco de alambre o de malla, buscaran y rebuscaran una debilidad para meter su trompa y levantar lo que sea para pasar adonde su olfato les indique que hay comida; y esto puede ocurrir a grandes distancias. Los cercos a menudo se refuerzan con tablas, pero los disponible ahora es solo pino y estas no duran más que un par de años, de modo que si no sucumben a la natural erosión, el sujeto chancho puede aún escarbar por debajo.
2. Las zonas de cultivo, aunque delimitadas con alambres y refuerzos, basta que sean violentados en una ocasión para que el desastre sea significativo y se pierdan meses de trabajo en las huertas y jardines, que ya implican un esfuerzo tremendo en infraestructura para atraer el agua que en la mayoría de los campos se ha vuelto escasa. Por lo que quien cultiva la tierra no puede quitar el ojo de sus huertas, no puede alejarse mucho y se vuelve casi un prisionero en su propia tierra.
3. La responsabilidad de quien debe mantener un cerco firme se atribuye mutuamente de uno a otro: quien cultiva culpa al dueño de los animales y quien cría animales lo atribuye al hortelano. La verdad es que la persistencia de estos animales hace poco viable incluso los mejores esfuerzos, aunque ambos se pusieran de acuerdo, es difícil vencer los altos costos de los cercos, y los esfuerzos permanentes que requieren para mantenerlos y repararlos. Los cercos de revellin son ahora un recuerdo de un pasado glorioso abundante en pellín que ya casi no existe.
4.- Las formas tradicionales de control de estos problemas los solucionaban los antiguos, además del revellín, con el anillo que se le pone en la nariz para que no remuevan la tierra y carlancas (collares de madera) para que no crucen los cercos, pero esto en la actualidad es resistido de aplicar por los dueños de los animales no solo por el maltrato que implica hacia el porcino y el riesgo de que mueran asfixiados en algún cerco, la crianza tiene sus costos y si los mantenemos confinados en pequeños espacios, se les debe comprar alimento y refuerzos alimenticios, sobre todo en invierno, donde todo escasea, y la crianza se haría, de esa manera, económicamente inviable.
5.- No es de extrañar, por tanto, que las tensiones entre vecinos escalen desde las discusiones normales, hasta las ofensas, garrotazos y murrerazos que devienen no solo en mala convivencia, a veces en situaciones que ameritan el código penal, (siempre es mejor prevenir). Y estos problemas son heredados muchas veces por quienes heredan las tierras colindantes, porque estos conflictos traspasan, a veces, las generaciones sin llegar a resolverse.
Ponemos el dedo en esta herida para que los organismos que, con buena intención, otorgan tierras y subsidios productivos que apuntan a la crianza de estos animales amplíen la mirada sobre la actividad que promueven y sobre todo para los jurisconsultos y tinterillos del derecho, que tienen el deber de iluminar estos rincones oscuros de nuestra sociedad y generar algún tipo de normativa que haga justicia en actividades económicas que son también parte de la idiosincrasia de nuestras muchuya.
Nelson Clavería
Chaurakawin mo, pukem 2026
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