{"id":167,"date":"2010-08-18T00:26:46","date_gmt":"2010-08-18T00:26:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.futawillimapu.org\/archivo\/2010\/08\/18\/qla-indignacion-de-la-machiq-cuento-del-peni-eliseo-canulef\/"},"modified":"2010-08-18T00:26:46","modified_gmt":"2010-08-18T00:26:46","slug":"qla-indignacion-de-la-machiq-cuento-del-peni-eliseo-canulef","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.futawillimapu.org\/archivo\/2010\/08\/18\/qla-indignacion-de-la-machiq-cuento-del-peni-eliseo-canulef\/","title":{"rendered":"\u00abLa Indignaci\u00f3n de la Machi\u00bb, cuento del pe\u00f1i Eliseo Ca\u00f1ulef"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>LA INDIGNACI\u00d3N DE LA MACHI<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Eliseo Ca\u00f1ulef Mart\u00ednez<br \/>Agosto de 2010<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No saben con la chicha que se est\u00e1n curando, se dijo, con su nueva voz de mujer grande, muchos a\u00f1os despu\u00e9s de que viera por primera vez la bandada policial inmensa, sin luces y sin ruidos, que una noche de luna llena de mayo pas\u00f3 frente a la casa de su padre volando a ras de suelo como una gran bandada de gallinazos, m\u00e1s larga que todo el pueblo de Temuco y mucho m\u00e1s ancha que la vega de las pataguas, y   <!--more-->  sigui\u00f3 avanzando en tinieblas hacia el fuerte colonial abandonado al otro lado del r\u00edo, con su atalaya de cancagua apuntando hacia ninguna parte alumbrado por el faro intermitente de la luna cuyos ramalazos de luz, a cada fracci\u00f3n de nube que acababa de pasar, transfiguraban la vega en una manta de niebla tendida debajo del firmamento, y aunque ella era entonces una ni\u00f1a sin voz de mujer grande pero con permiso de su padre para escuchar hasta muy tarde en la arboleda las pifilcas nocturnas de las torcazas, a\u00fan pod\u00eda recordar como si lo estuviera viendo que la bandada policial con su \u00edmpetu de gallinazos al acecho desaparec\u00eda cuando lo hac\u00eda la luz de la luna detr\u00e1s de una  nube y volv\u00eda a aparecer cuando la nube acababa de pasar, de modo que era una bandada policial  intermitente que iba apareciendo y desapareciendo hacia la entrada de la hondonada, buscando con tanteos de son\u00e1mbulo las huellas que se\u00f1alaban el camino, hasta que algo debi\u00f3 fallar en sus gu\u00edas de orientaci\u00f3n, porque deriv\u00f3 hacia los faldeos del cerro, tropez\u00f3 con los pellines enormes, salt\u00f3 en pedazos y se diluy\u00f3 sin un solo ruido, aunque semejante encontronazo era para producir una deflagraci\u00f3n de maderos y un fragor de polic\u00edas mutilados que helaran de pavor a los huecufes m\u00e1s dormidos en la selva virgen que empezaba en las murallas del fuerte colonial y terminaba en el costado de la sierra nevada, as\u00ed que ella misma crey\u00f3 que era un sue\u00f1o, sobre todo al d\u00eda siguiente, cuando vio el verdor radiante de la vega, el orden de colores de las copas de los \u00e1rboles en las colinas vecinas y la algarab\u00eda de los queltehues repeliendo a los perros, pens\u00f3, me dorm\u00ed escuchando las torcazas y so\u00f1\u00e9 con esa bandada policial enorme, qued\u00f3 tan convencida que no se lo cont\u00f3 a nadie ni volvi\u00f3 a acordarse de la visi\u00f3n hasta la misma noche de luna llena del mes de octubre, cuando andaba buscando celajes de cherrufes en el firmamento y lo que encontr\u00f3 fue la bandada policial  ilusoria, sombr\u00eda, intermitente, con el mismo rumbo equivocado de la primera vez, s\u00f3lo que ella estaba entonces tan segura de estar despierta que corri\u00f3 a cont\u00e1rselo a su padre, y \u00e9l pas\u00f3 cuatro semanas gimiendo de desilusi\u00f3n, porque ten\u00eda el plan de casarla apenas terminara de crecer con el hijo del \u00fclmen m\u00e1s acaudalado de la sierra lo cual se tornaba imposible si a ella se le estaba licuando el seso de tanto andar mirando las luces del firmamento todas las noches, y como tuvo que ir a Pehuenmahuida por esos d\u00edas en busca de pi\u00f1ones para el invierno, aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para pedirle consejo al pelomtufe de mayor fama de all\u00e1 quien lo deriv\u00f3 a la machi m\u00e1s poderosa de la comarca, y \u00e9sta antes de escucharlo le comunic\u00f3 que ya en sue\u00f1os hab\u00eda sido informada del motivo exacto de su aflicci\u00f3n y le orden\u00f3 traer a la ni\u00f1a cuando acabara de crecer para formarla en el conocimiento de machi poderosa, seg\u00fan el designio del perimont\u00fan repetido que hab\u00eda tenido, de modo que ella pudiera aprender lo que en efecto aprendi\u00f3 en los cuatro a\u00f1os que estudi\u00f3 el oficio y volvi\u00f3 a la casa de su padre siendo joven y hermosa donde plant\u00f3 su rehue y se convirti\u00f3 en sanadora de la gente, tan certera y famosa que ven\u00edan a consultarla desde los cuatro puntos de la tierra, de modo que ella tuvo que acostumbrarse a su admirable rutina de machi, se\u00f1alada por todos como la m\u00e1s poderosa y certera desde los tiempos de Lautaro, viviendo con un marido ejemplar tres hijos hermosos y una hija que le dio una nieta dulce, sin otro sobresalto que el de sufrir viendo c\u00f3mo el bosque era derribado en sus cimientos por hordas de madereros de casco amarillo y vuelto a reforestar con eucaliptos, la voz se le iba volviendo de mujer grande y la piel rugosa sin haber olvidado un \u00e1pice de sus visiones de anta\u00f1o hasta otra noche de luna llena en que mir\u00f3 por casualidad hacia el camino, y de pronto, madre m\u00eda, ah\u00ed estaba, la descomunal sombra de la bandada policial  fantasma, con las mismas botas fantasmales y cascos verde oliva de anta\u00f1o, con fusiles autom\u00e1ticos y m\u00e1quinas de asalto resoplando  irritaci\u00f3n por las troneras, pero con la diferencia de que ahora avanzaba sin el rumbo equivocado de anta\u00f1o, desprovista del silencio de anta\u00f1o, se met\u00eda a la casa derribando la puerta y ella, atropellada y herida, se defiende como puede con un hui\u00f1o de luma de los culatazos de las carabinas, los gallinazos verdes de la bandada con \u00edmpetu de gladiadores prosiguen atropellando a la hija que acaba de despertar del susto y la nieta que no entiende el alboroto larga el llanto despavorida, el marido y el hijo mayor que vienen a ayudarles son repelidos a balazos, pacos hijos de mala madre, un culatazo m\u00e1s y al suelo Machi, desvanecida y atada de manos y pies hasta que la conciencia le volvi\u00f3 cuando faltaba poco para el amanecer, vengan a soltarme, gritaba atada de manos y herida, vengan pacos del infierno que me estoy acalambrando, como nadie le hiciera caso lanz\u00f3 al viento una oraci\u00f3n en lengua originaria tan inspirada que hasta los polic\u00edas m\u00e1s viejos se acordaron de los espantos de sus tatarabuelos y se metieron a la casa  creyendo que estaba invocando al diablo, pero los que entraron primero no se tomaron el trabajo de preguntar, sino que la contramataron a patadas en el suelo amarrada como estaba  y la dejaron tan mal herida que entonces fue cuando ella se dijo, temblando de rabia, no saben con la chicha que se est\u00e1n curando, pero se cuid\u00f3 de no compartir con nadie su determinaci\u00f3n sino que pas\u00f3 tres d\u00edas con sus noches encerrada en el calabozo a disposici\u00f3n de la Fiscal\u00eda condoli\u00e9ndose de la suerte de sus chanchos y sus ovejas que tambi\u00e9n fueron arrestados bajo la imputaci\u00f3n de haberse dejado robar en el vecindario y de la motosierra las hachas y las murreras acusadas de ayudistas en la tala de eucaliptos de la empresa maderera, no saben con la chicha que se est\u00e1n curando se dijo de nuevo, esperando que volviera a ser noche de luna llena, y cuando lleg\u00f3 el d\u00eda indicado se visti\u00f3 para la ocasi\u00f3n, repas\u00f3 los conocimientos sobre el mongetucado de hueichafes que le ense\u00f1\u00f3 su machi maestra, atraves\u00f3 la vega cuidando de no ser vista para que el secreto diera el poder a lo que ten\u00eda pensado hacer, y pas\u00f3 la tarde esperando su hora de reivindicaci\u00f3n bajo los pocos pellines que quedaban en la falda del cerro, aguantando como pod\u00eda la pestilencia de pinos y eucaliptos que ahora ocupaban el lugar de la selva de sus primeras visiones, pero tan concentrada en su determinaci\u00f3n que no se detuvo como siempre a buscar celajes de cherrufes en el firmamento, ni puso atenci\u00f3n a las pifilcas crepusculares de las torcazas, ni se entretuvo  como otras veces con las nubes rojizas del atardecer, porque no se dio cuenta de nada mientras la noche no se le vino encima con todo el peso de las estrellas y la selva exhal\u00f3 un tufo picante parecido a orines de gato en celo, y ya estaba ella mongetucando hueichafes entre los escasos peumos y pellines del borde de la quebrada, con la hoguera ceremonial casi apagada para no alborotar a los esp\u00edritus antes de tiempo, iluminada a ratos por ramalazos de luna con cada fracci\u00f3n de nube que acababa de pasar, sabiendo que andaban cerca las almas de machis antiguas no s\u00f3lo porque viera cada vez m\u00e1s intenso su fulgor entre los \u00e1rboles sino porque la respiraci\u00f3n del viento se iba volviendo alegre, y as\u00ed mongetucaba tan concentrada que no supo de d\u00f3nde le lleg\u00f3 de pronto una pavorosa pestilencia sulf\u00farica ni por qu\u00e9 la noche se hizo sombr\u00eda como si las estrellas y la luna se hubieran ido a otra parte, y era que la bandada policial estaba all\u00ed con todo su tama\u00f1o inconcebible, madre m\u00eda, m\u00e1s grande que las otras veces y m\u00e1s oscura que cualquier otra cosa oscura entre el firmamento y la tierra en una noche de luna llena, dos mil trescientos pares de brazos armados y toneladas de olores mordientes  pasando tan cerca de la copa de los \u00e1rboles que ella pod\u00eda ver las costuras de los uniformes verde oliva de la bandada, con una infinidad de cartuchos en las rec\u00e1maras de los infinitos fusiles de combate, con silencioso sigilo de m\u00e1quinas y linternas apagadas, sin alma, y llevando consigo su propio \u00e1mbito de pesadumbre, su propio pedazo de cielo encapotado, su propio aire de otro mundo, su tiempo suspendido, su maldici\u00f3n de Malinche en la que flotaba un mundo entero de traiciones repetidas, y de pronto todo aquello desapareci\u00f3 con el lamparazo de la luna llena y por un instante volvi\u00f3 a ser el ngulumapu di\u00e1fano, la noche de septiembre, el aire cotidiano de los queltehues, de modo que ella se qued\u00f3 sola entre los pellines, sabiendo a ciencia cierta que no estaba so\u00f1ando despierta, no s\u00f3lo ahora sino tampoco las otras veces, y apenas acababa de dec\u00edrselo a s\u00ed misma desde el fondo de su coraz\u00f3n cuando un soplo de misterio fue encendiendo los pellines con esp\u00edritus de guerreros antiguos desde el primero hasta el \u00faltimo, as\u00ed que cuando pas\u00f3 la \u00faltima nube y la claridad de la luna volvi\u00f3 a aparecer la bandada verde oliva ya ten\u00eda la orientaci\u00f3n extraviada, acaso sin saber siquiera en qu\u00e9 lugar de la Araucan\u00eda se encontraba, buscando a tientas el camino invisible pero en realidad derivando hacia el r\u00edo, hasta que ella tuvo la revelaci\u00f3n abrumadora de que aquel signo era la \u00faltima clave del encantamiento, y aviv\u00f3 la hoguera ceremonial con ramas de quila seca, una m\u00ednima lucecita anaranjada que no ten\u00eda por qu\u00e9 alarmar a nadie en la vastedad de la selva de eucalipto, pero que debi\u00f3 ser para el comandante policial como un sol de atardecer en el horizonte, porque gracias a ella la bandada verde oliva corrigi\u00f3 su rumbo y enfil\u00f3 por la vega en una maniobra de rectificaci\u00f3n feliz, y entonces todas sus linternas se encendieron al mismo tiempo, las m\u00e1quinas volvieron a sumbar, se prendieron las estrellas en su cielo y los cascos verde oliva volvieron a brillar, y hab\u00eda un estr\u00e9pito de \u00f3rdenes de mando y una fragancia lacrim\u00f3gena en el aire, y se o\u00eda la marcialidad del orfe\u00f3n rebotando sobre la luna y el tumtum de las arterias de los uniformados de la bandada en la penumbra intermitente, pero ella sab\u00eda tan bien lo que deb\u00eda hacer  que no se dej\u00f3 aturdir por la emoci\u00f3n ni amedrentar por el prodigio, sino que golpe\u00f3 con m\u00e1s resoluci\u00f3n el cultr\u00fan con la vaqueta y volvi\u00f3 a decirse con m\u00e1s decisi\u00f3n que nunca que no saben con la chicha que se est\u00e1n curando engendros de mal padre, ahora lo van a ver, y en vez de paralizarse amedrentada por aquella bandada descomunal sigui\u00f3 ta\u00f1endo su instrumento con m\u00e1s br\u00edo, porque ahora s\u00ed van a saber lo que es la indignaci\u00f3n de una Machi, y sigui\u00f3 orientando a la bandada hacia la hoguera con el tumtum hipn\u00f3tico del cultr\u00fan y para  estar segura de su obediencia la oblig\u00f3 a describir una elipse en el firmamento, enseguida la sac\u00f3 de la vega invisible y la condujo como si fuera una colmena de abejas hacia los troncos m\u00e1s recios de los \u00e1rboles, una bandada policial viva e invulnerable a los haces de la luna comenz\u00f3 entonces a desgranarse porque uno a uno los gallinazos vestidos de verde oliva atra\u00eddos por la fuerza primordial de la hoguera fueron cayendo sobre los troncos de los pellines y despu\u00e9s vueltos a ser reventados por los que ca\u00edan detr\u00e1s, y all\u00e1 empezaban a difuminarse las nubes del cielo, la penumbra bajo los eucaliptos, la niebla sobre las aguas del r\u00edo, y todav\u00eda la bandada de gallinazos verde oliva iba hacia los pellines, siguiendo el tumtum de su cultr\u00fan poderoso a contrapelo de los deseos del comandante desga\u00f1itado de repetir instrucciones que nadie cumpl\u00eda, que nadie pod\u00eda cumplir porque todos los gallinazos de uniforme estaban condenados de antemano a la desobediencia, y en aquel instante revent\u00f3 el tableteo descomunal del primer rel\u00e1mpago, y ella qued\u00f3 inundada por el aguacero de luz que le cay\u00f3 encima, otra vez, y la bandada lleg\u00f3 al borde de la quebrada rezando para no zozobrar, y otra vez, pero ya era demasiado tarde, porque ah\u00ed estaban los pellines de la orilla, los peumos de la quebrada, los queltehues de la vega, el bosque de eucaliptos entero iluminado por las mismas luces de los tres primeros rel\u00e1mpagos suspendidos entre las copas de los \u00e1rboles, y ella apenas tuvo tiempo de prepararse para no dejarse amedrentar por el cataclismo, gritando en medio de la conmoci\u00f3n, ah\u00ed lo tienen pacos cabrones, un segundo antes que el cuarto rel\u00e1mpago se dejara caer sobre la tremenda bandada verde oliva descuartiz\u00e1ndola sobre los pellines y se oyera el estropicio n\u00edtido de las m\u00e1quinas y de las dos mil trescientas cabezas policiales rompi\u00e9ndose una tras otra contra los maderos, y entonces se acab\u00f3 la desolaci\u00f3n, y ya no fue m\u00e1s la noche de septiembre sino el medio d\u00eda radiante de diciembre, y ella pudo darse el gusto de ver a los gallinazos verde oliva, vencidos  por el nehu\u00e9n primordial y la terquedad del tiempo, contemplando desde la eternidad la devastaci\u00f3n de sus propios huesos y la corrosi\u00f3n de sus m\u00e1quinas de acero.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>LA INDIGNACI\u00d3N DE LA MACHI Eliseo Ca\u00f1ulef Mart\u00ednezAgosto de 2010 No saben con la chicha que se est\u00e1n curando, se dijo, con su nueva voz <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/www.futawillimapu.org\/archivo\/2010\/08\/18\/qla-indignacion-de-la-machiq-cuento-del-peni-eliseo-canulef\/\" title=\"\u00abLa Indignaci\u00f3n de la Machi\u00bb, cuento del pe\u00f1i Eliseo 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